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Lo que dan de sí las lentejas

16 junio, 2013

Sí. Hoy, en casa de la madre de mi hija hemos comido lentejas.

 

Fundamentalmente las he preparado porque sé que a Noa, mi hija, le gustan mucho las lentejas que preparo. Podría parecer mentira, pero prometo que es cierto: cuando a mi hija se le pregunta cuál es su comida preferida siempre dice “las lentejas” y añade un solemne “que prepara papá”. Estoy convencido de que me salen ricas porque tuve una vez, además, una novia que decía que me salían mejor que a su madre (teniendo su madre, como tiene, muy buena mano para la cocina, desde luego).

 

Total, que he preparado lentejas porque comíamos Noa y yo juntos.

 

Cuando estaba a punto de llevarse una cucharada buen grande a la boca se me ha quedado mirando y me ha hecho una pregunta que nos ha tenido entretenidos toda la tarde. Así, de repente, me ha preguntado: “Papá, si las lentejas son siempre lentejas, ¿por qué a ti te salen más ricas que a todos los demás?” Sí, ya sé que a muchos esta pregunta les parecerá fácil de responder, incluso a algunos no les sorprenderá que Noa se la haya planteado. A mi, y teniendo en cuenta que tiene cinco años, sí me ha sorprendido.

 

Por un momento, y mientras yo me llevaba mi cuchara a la boca, no he sabido exactamente qué responderle. He pensado en decirle que todo tiene que ver con el cariño (el ingrediente estrella) con el que se hacen, pero eso habría sido un arma de doble filo. Estoy seguro que su madre, mi madre y mi hermano le preparan la comida a Noa con tanto cariño como yo lo hago.

 

Así, tras pensar un poco en la respuesta le he dicho que cada uno de nosotros tiene “su mano”, “su toque” y “las medidas cogidas”. Su cara, que mostraba extrañeza, me ha obligado a explicarme.

 

– Verás Noa, aunque las lentejas sean siempre lentejas, a la hora de prepararlas puedes ponerle unos ingredientes u otros. Incluso cuando se utilizan los mismos ingredientes siempre, el sabor suele variar según las cantidades que les pongas de cada uno. Por ejemplo, este plato de hoy, ¿sabe más a tomate o a patata?

– Papá este de hoy está como siempre, riquísimo. Y sabe lo mismo a patata y a tomate, pero sobre todo sabe a lentejas.

– Pues mira, si le hubiera puesto lo mismo, pero en vez de medio kilo de tomate, un kilo, sabría mucho más a tomate y menos a patatas o a lentejas.

– ¡Ah! Pero papá, yo no te vi ayer pesando los tomates cuando preparaste las lentejitas.

– Bueno, los pesé con la mano más o menos porque les tengo el tranquillo cogido.

– ¡Ah! Yo también quiero cogerle el “truquillo” a las lentejas y que me salgan así de ricas.

– Bueno, chipi, eso será cuando seas una mijita más grande. De momento, si quieres, y como tenemos que llevarlas luego para la fiesta del cole, podemos hacer palomitas de maíz de varias formas, para que veas cómo quedan de sabor de una forma y de otra.

– Pero papá, las palomitas de maíz son siempre palomitas de maíz. Siempre están riquísimas.

– Más o menos hija, pero no siempre saben igual. Por ejemplo, cuando se les pone sal o cuando se les pone caramelo, ¿saben igual?

– ¡Ah, es verdad!

– Además, podemos hacer unas con mantequilla, otras con poco aceite y otras con un poco más, a ver cuáles nos gustan más.

– Papá, con mantequilla no que eso es malo para el cuerpo humano. Me lo dice mamá.

– Bueno, pues sí lo dice mamá, sin mantequilla, que las mamás casi siempre tienen razón. Por cierto, cuando venga tu madre del trabajo pregúntale en qué cajón ha guardado las Islas Canarias.

– ¿El qué?

– Jajajajaja. Nada, amor. Era una broma.

 

Cuando hemos acabado de comer y de fregar los platos, como era de esperar, nos hemos puesto manos a la obra.

 

– Mira Noa, vamos a pesar los ingredientes que vamos a utilizar para cada una de las recetas de las palomitas. Vamos a ir apuntando las cantidades que pongamos, para que no se nos olviden. Así, cuando elijamos las que están más ricas, sabremos qué llevan y casi siempre nos podrán salir igual de buenas.

– Vale papá.

– En la primera columna, donde pone “Aceite” pon un cinco, vida.

– Ya está.

Donde pone “Tiempo” por 20.

– Ya.

– Ahora, donde pone “Palomitas” por 50.

– Pero papá, si estamos poniendo números, esto es como las matemáticas que explica Mati en el libro de Clara y Raquel, ¿a qué sí?

 

En ese justo momento he entendido que la situación se me iba a ir de las manos porque esta enana no es normal. Por un momento me vi desempolvando mis libros de matemáticas de BUP para poder explicarle qué es una integral…

 

– Bueno, Noa, esto es cocina. Hay algunas personas que creen que esto de cocinar es como las matemáticas, sí. Una cantidad exacta de esto, una cantidad exacta de lo otro, un tiempo preciso en el fuego y voilà, un plato que se puede comer.

– …

– Pero, Noa, esto es algo más que números. Esto de cocinar es sentimiento. También cantidades exactas para que la comida quede siempre igual, claro, pero sobre todo sentimiento.

– Papá, yo quiero ser curiosa como Matemáticas para encontrar la mejor forma de hacer palomitas de maíz. Que siempre salgan ricas. Pero con mucho sentimiento.

– Hija, tienes más cuento que Callejas…

– Jajajajajaja

 

Hemos pasado la tarde haciendo palomitas de maíz de diferentes formas, con más o menos aceite, con más o menos sal, con más o menos tiempo al fuego, y hemos llegado a la conclusión de que las palomitas están buenas todas menos las que se queman y las que se quedan cerradas.

Ya por la tarde, al acabar la fiesta de fin de curso del cole, y mientras los enanos comían, Sarit se me ha acercado y me ha dicho:

– Mira a tu hija, disfrutando como ella sola mientras les explica a los compañeros no sé qué de que habéis hecho cuatro boles de palomitas esta tarde. Suspira profundamente, entorna los ojos y les dice que las ha preparado con matemáticas y con mucho sentimiento.

 

Yo he callado. Sonriendo.

 

– Miedo me da preguntarte -decía- qué habéis hecho con los tres que faltan, aunque ya empiezo a entender por qué no se las está comiendo ahora Noa.

Yo he seguido callado, mientras pensaba en el atracón de palomitas que nos hemos dado los dos viendo tres episodios seguidos de Bob Esponja. Y me he reído, claro.

 

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Encuentren las diferencias

16 abril, 2013

Hace unos meses, todos nos echamos las manos de la cabeza cuando leímos esta noticia:

http://www.dw.de/ministro-japonés-pide-a-ancianos-que-mueran-rápido/a-16543683

Hoy, sin necesidad de irse a Japón y casi sin enfadarnos, nos encontramos con estas otras declaraciones:

http://www.larazon.es/portada-impresa

Algunos podríamos pensar que, realmente, el Gobierno de España ha decidido acabar con los problemas económicos del país de raíz, quitando cabezas de enmedio.

Pero vamos, que hoy somos pocos los que pensaremos en eso. Es más importante saber si la Pantoja va a la trena o no. Lógico.

 

“Papá, ¿qué es la revolución?”

10 abril, 2013

 

– Imagínate, hija, que vamos en un tren. Tu amiga Elah, tú y yo.

 

– ¿En un tren rápido como los de España, papá?

 

– Sí, vamos en un AVE, que es como se llaman los trenes rápidos en España. Además, estamos los tres montados en el tren y vamos desde Sevilla hasta Córdoba a ver a los abuelos, ¿vale?

 

– Vale, papá pero antes de hacerlo tenemos que pedirle permiso a los papás de Elah, porque España está muy lejos y tenemos que ir en avión.

 

– De momento, Noa, nos lo vamos a imaginar. Cuando Elah sea una mijita más grande, lo hablamos con sus papás.

 

– Vale.

 

– Bueno, entonces imagínate eso que te he comentado, que estamos los tres en el tren llegando a Córdoba pero resulta que el tren no se va parando, sino que sigue su marcha a la misma velocidad. Total que se pasa de la estación de Córdoba y sigue camino de Madrid.

 

– ¡Anda, papá! Que los abuelos y los titos se han quedado esperándonos en la estación…

 

– Sí, parece ser que sí, que estaban allí esperándonos. ¿Tú cómo te sentirías si eso pasara de verdad, Noale?

 

– Pues me sentiría triste porque tenía ganas de ver a los titos, a la prima y a los abuelos y de ir a la feria muchos días. Además, más gente en el tren estaría triste también porque querría ir a la feria y no podrían.

 

– Y, como te sientes triste, que no es una sensación positiva ¿qué harías para solucionarlo?

 

– Pues papá, como yo soy chiquita, te diría a ti que hablaras con el conductor del tren. A lo mejor el hombre no se había dado cuenta de que Córdoba se había pasado.

 

– Bueno, al hombre o a la mujer, ¿no? ¿Y qué tendría yo que decirle?

 

– Pues que tu hija es pequeña y está triste porque no va a ver a la familia de España, que a ver si puede parar el tren y correr para atrás de vuelta a la estación, que nos están esperando allí. Y también que todo el mundo del tren está triste porque no pueden ir a la feria. Bueno, Elah no se pondría triste porque como lo sabe lo que es la feria… Así que dile que casi todos estamos tristes. ¿Tú también, papá?

 

– Claro, hija. Con las ganas que tengo de ir a la feria contigo.

 

– …

 

– Pues eso, Noa, hija, ese es la revolución. Darse cuenta de que hay un fallo, un error que afecta de forma negativa a la mayoría de las personas y, y esta es la parte más importante de la revolución, buscar una solución para que ese problema que nos hace sentir mal deje de existir e intentar que no se repita más. Darse cuenta de que algo nos hace sentir mal a muchas personas a la vez, descubrir qué es y solucionarlo. Eso es la revolución. Y las personas que encuentran esos fallos y los tratan de solucionar, son los revolucionarios.

 

– Entonces, la revolución es que nadie esté triste porque como hay que solucionar los problemas…

 

– Más o menos, Noa. Si no todo el mundo, porque eso es difícil, que la mayoría de las personas estén contentas, sí.

 

– ¡Ah! Esta noche voy a soñar con la revolución. Porque ya sé mejor lo que es. Seguro que cuando cumpla seis años, lo sabré bien, bien.

 

– Buenas noches, Noa. Te quiero. Revolucionaria mía.

 

– Buenas noches, papá. Te quiero. De aquí a la luna y volver. ¿Papá?

 

–Dime hija.

 

– ¿Tú sabes una cosa?

 

– Sí… que la que no se casa se queda moza.

 

– Eso y, ¿sabes otra?

 

– No, dime.

 

– Que ata lo kmo kulam.

 

– Te quiero amor. Descansa.

 

– Te quiero, papá.

 

Y cantamos juntos, como cada noche, la cantinela de antes de irse a dormir. La que le he repetido, cada noche que he podido, desde que nació.

 

“Buenas noches.

Que descanses.

Que sueñes con las personas buenas.

Que tengas dulces sueños.

Y que viva la revolución.”

 

 

Un Club Social. Calentando motores.

6 abril, 2013

Somos cuatro. Cuatro amigos. Desde hace tanto tiempo que, a veces pensamos, para lo jóvenes que somos, podría parecer demasiado.

Todos, los cuatro, trabajamos por cuenta ajena en empresas multinacionales, en monstruos gigantes que nos aportan dinero y estabilidad a cambio de nuestro tiempo y nuestro esfuerzo diario. Cambiamos nuestro tiempo por su dinero. Una antigua forma de trueque en la que, somos conscientes de ello, salimos perdiendo. Indudablemente.

De los cuatro, tres tenemos estudios universitarios, alguno que otro ampliado con estudios de postgrado: un empresario que no emprende, un economista de los buenos y un psicólogo – porque de todo tiene que haber-. El cuarto en discordia podría ser como los de FP; de los que con las manitas lo arreglan todo, vamos.

De los tres con estudios universitarios, dos tenemos puestos de responsabilidad en nuestras respectivas empresas. Sobre el papel eso solo significa que tenemos menos tiempo para nosotros y algo más de dinero a final de mes. Poca diferencia. O mucha.

Lo que nos une, a pesar de ser tan diferentes, es mucho más que lo que nos separa. Supongo que por eso somos amigos, claro. Nos une la conciencia social, el ser conscientes de que en estos días aciagos en los que los políticos desprecian a los ciudadanos la solución, al menos parcial, pasa por nosotros mismos, por la unión de los despreciados. Por la colaboración.

Nos une, también, la idea de que actuar es tan necesario como protestar. Quizás más. Nuestros políticos, todos, han decidido coger el camino de no escuchar más protestas, de no rendir cuentas ante sus verdaderos jefes, la ciudadanía. Ante eso, sólo queda seguir protestante y aportar, en la medida de lo posible, las soluciones que estén en nuestra mano. Nos gusta, disfrutamos, la política con mayúsculas, no la mierda esta en la que nos hemos visto metidos.

Nos une, como no podría ser de otra manera, el desprecio a los bancos tal y como están entendidos hoy en día. Sentimos asco, literal, por cómo un sistema que a priori debería ser válido y útil para la mayoría de las personas en España se ha tornado, en el peor momento, en un depredador que fagocita, ya no sólo bienes físicos, sino la moral y la ilusión de las personas.

Nos une, lógicamente, la idea de que nuestros padres, en unos momentos muy críticos para la sociedad española, salieran a la calle a luchar por sus derechos que al fin y al cabo son los nuestros. No salieron a la calle para que ahora unos cabrones privilegiados, con trajes y coches oficiales, les robaran sus ahorros, sus ilusiones, sus vidas.

Nos mueve, entre otras razones, el pensar que, con nuestro esfuerzo y acciones, seremos capaces de dejar una situación futura algo mejor para nuestros hijos. Y para los vuestros.

Ante estas ideas en común, ante nuestra visión de la situación y en virtud a nuestro compromiso personal, hemos creado un fondo común con nuestros ahorros y nos hemos propuesto, de forma totalmente consciente y reflexionada durante mucho tiempo, emplear ese dinero, nuestro, de forma que alguna de las personas que están contra las cuerdas, las que no pueden pagar su vivienda, las que no pueden seguir pagando sus estudios, las que necesitan atención médica especializada de forma urgente, puedan tener un balón de oxígeno, puedan respirar durante una temporada. Vamos a dejar entre 1000 y 3000 euros a personas que lo necesiten con un interés muy bajo que siempre será empleado para ayudar a nuevas personas.

Vamos a crear un banco social sin ser un banco y siendo muy social. Nos falta por definir la estructura legal de esta entidad, ya que no queremos establecernos como banco. Lo importante a largo plazo, en nuestra idea, no es el dinero sino las sinergías sociales que seamos capaces de construir entre nosotros y nuestros clientes, entre los clientes y otros clientes y entre los clientes y la sociedad.

Vamos a crear un Club Social, como lo denominamos de momento en nuestras reuniones. Y vamos a darle un golpe en la cara, bien fuerte, a todos aquellos que piensan que la unión no hace la fuerza.

Tenemos ganas, tenemos muchas ganas. Pronto daremos más noticias.

“Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos.” El Principito.

“Tú no eres como las demás”

1 abril, 2013

Hay canciones que envejecen mejor que otras. Algunas, incluso, mejoran con el tiempo. Es un hecho que sucede independientemente del idioma en el que se cante, del idioma en el que se crearon las canciones. Además, sospechosamente, esto ocurre con casi todas las canciones de la década de los 80.

 

Un ejemplo, para mi muy claro, de esta mejoría, es una canción en hebreo compuesta por Yuval Banai cuando formaba parte del grupo Mashina.

 

La canción que comento se titula “At lo kmo kulam”, “Tú no eres como todas”.

 

En su primera versión, del año 1987, podemos ver la influencia que la música electrónica. Una canción, bajo mi punto de vista, pobre con una letra riquísma.

 

 

Como el tiempo pone cada cosa en su preciso lugar, Mashina se ha vuelto a unir para grabar un disco acústico de su grandes éxitos entre los que no podía faltar, claro, esta canción.

 

Juzgad por vosotros mismos. Creo que, como yo, agradeceréis el paso del tiempo.

 

Copio, aquí, la letra de la canción en hebreo, su pronunciación (por si algún valiente se anima a cantarla) y la traducción. Un poema de amor. Un poema de amor para nadie. Para todas.

 

 

את לא כמו כולם

עינייך הם לפני העצב

השמש שקעה

אבל את דולקת מאירה לי

הלב שנשבר

את תחברי אותו חלק חלק

את לא כמו כולם

הכי מיוחדת

 

אבל אני לא יודע

תגלי לי מי את תגידי לי מי את

אבל אני לא יודע

את לא כמו כולם

 

לתוך ערפל לאט לאט את נעלמת

יש מסיבה בתוך ראשי לאט נגמרת

השמש שקעה

אבל את דולקת מאירה לי

את לא כמו כולם

הכי מיוחדת

 

אבל אני לא יודע

תגלי לי מי את תגידי לי מי את

אבל אני לא יודע

את לא כמו כולם

 

 

At lo kmo kulam

Einaich hem lifnei haetzev

Hashemesh shak’a

Aval at doleket meira li

Halev shenishbar

At techabri oto chelek chelek

At lo kmo kulam

Hachi meiuchedet

 

Aval ani lo yodea

Tegali li mi at tagidi li mi at

Aval ani lo yodea

At lo kmo kulam

 

Letoch arafel leat leat at neelemet

Yesh mesiba betoch roshi leat nigmeret

Hashemesh shak’a

Aval at doleket meira li

At lo kmo kulam

Hachi meiuchedet

 

Aval ani lo yodea

Tegali li mi at tagidi li mi at

Aval ani lo yodea

At lo kmo kulam

 

 

Tú no eres como todas.

Tus ojos antes de sentir tristeza.

El sol se ha puesto

pero tú sigues iluminándome.

Mi corazón se ha roto

y yú lo arreglarás, pieza a pieza.

Tú no eres como todas.

Tú eres única.

Pero yo no lo sé.

Muéstrate, dime quién eres.

Pero yo no lo sé.

Tú no eres como las demás.

 

Entre la niebla

Desapareces poco a poco.

La fiesta que tengo en mi cabeza

va acabando poco a poco.

El sol se ha puesto

pero tú sigues iluminándome.

Mi corazón se ha roto

y yú lo arreglarás, pieza a pieza.

Tú no eres como todas.

Tú eres única.

Pero yo no lo sé.

Muéstrate, dime quién eres.

Pero yo no lo sé.

Tú no eres como las demás.

 

Mi regalo del día del padre

20 marzo, 2013

Ni marcos de macarrones ni dibujitos de vivos colores. Hoy Noa me ha regalado, por ayer, un motivo más por el cual sentirme orgulloso de ella. Uno más, digo, porque cada día, cuando hablamos, se lo comento. Le digo a diario lo orgulloso que estoy de que ella, con 5 años, lleve tan bien el hecho de no ver a su padre a diario, de no poder contar con él cada vez que le apetezca o lo necesite y de echarlo de menos con tanta entereza.

 

Por eso mismo, por el orgullo que siento hacia ella a diario y por el orgullo que me ha hecho sentir hoy, quiero compartir lo que ha pasado en su colegio hoy.

 

Como cada miércoles, a primera hora de la tarde, he hablado por Skype con Monique, la profesora de Noa y con Sarit, la madre de Noa. Hemos cambiado impresiones sobre cómo vemos a Noa, sobre cómo le ha ido la semana y sobre los típicos aspectos de la educación de su hijo que pregunta un padre. Monique, según contaba, estaba todavía alucinando con lo que pasó en clase esta misma mañana.

 

La semana que viene se celebra en Israel la fiesta de Pésaj, Pascua, por lo que en esta semana les están explicando a los niños de dónde viene esa celebración, qué pasó para que sea una de las fiestas más importantes del judaísmo y bla bla bla. Estaba Monique contando el cuento según lo explica el Antiguo Testamento cuando Noa ha levantado la mano y le ha dicho, palabras literales:

 

“Monique, esto que nos estás contando es un cuento chino. Yo lo sé porque mi padre y mi madre me lo han dicho, que esto es como alguno de los cuentos de princesas que me leen cuando voy a la cama, que es de mentirijilla todo. Los cuentos los contaban así hace muchos años porque había gente que no era inteligente y tenían que explicárselo de alguna forma para que se creyeran lo que había pasado, pero antes de habernos hablado de Moisés, deberías haber aclarado a los niños que es un cuento chino”.

 

Lo del cuento chino es una expresión que yo utilizo con sorna cada vez que algo me parece eso, una trola que me quieren meter. Monique dice que se ha quedado alucinada y que tras intentar convencer a Noa, tres veces, de que lo que contaba había pasado en realidad ha tenido que explicar a los niños, como ha podido y a regañadientes, que todo era una alegoría, una representación. La mitad de los nenes ni se habrán enterado y, si lo han hecho, les estarán contando ahora a sus padres lo sucedido y, alguno que otro, se estará comiendo la cabeza buscando la forma de hacer que su hijo vuelva a creer que lo que le cuentan es verdad. Vamos, que alguno que otro estará buscando la forma de engañar y manipular a su propio hijo.

 

Cuando Monique ha terminado de explicarlo todo lo mejor que ha podido, Noa ha vuelto a levantar la mano y le ha dicho:

 

“De todas formas, Monique, en este cuento que has contado has hecho que Moisés pareciera el bueno, pero en verdad no era tan bueno porque para conseguir algo que él quería hizo mucho mal a muchas personas: les llenó el río de sangre, hizo que llovieran ranas, mató a todos sus animales, a los hijos de los egipcios y les mandó pulgas (en referencia a las plagas que según el Antiguo Testamento Moisés lanzó contra Egipto para liberar a los esclavos judíos). Eso no está bien, Monique. Cuando una persona quiere algo, tiene que conseguirlo sin hacer el mal a los demás aunque las otras personas se hayan portado mal con él, porque si no se convierte en mala persona, se vuelve feo y se hace cada vez menos inteligente. Monique, dicen mi madre y mi padre que el fin no justifica los medios”.

 

Monique nos ha comentado que se ha quedado sin palabras y que los ha mandado al recreo mientras nos maldecía (en tono jocoso, quiero suponer, a Sarit y a mi).

 

Cuando he hablado con Noa por la tarde y le he preguntado de qué habían hablado en la reunión que tienen los niños en el cole todos los días me ha contestado:

 

“De nada importante, papi. Monique nos ha contado el cuento chino de Moisés, el que se portaba mal”.

 

Decidme si no es para estar orgulloso de ella. Decidme si no es para comérsela.

 

 

Porque yo no hablo.

1 marzo, 2013

Acabo de volver a casa después de enviar esta carta. Y me he quedado más feliz que una perdiz.

Sevilla, 1 de marzo de 2013

Señor

Isidro Fainé Casas

Presidente de “Caja de Ahorros y

Pensiones de Barcelona”

Avenida Diagonal, 621-629

CP 08028

Barcelona

Cataluña

España

Estimado señor Fainé:

Permítame, en primer lugar, agradecer su atención a esta misiva así como a la respuesta que, sé, recibiré a la misma.

Me llamo XXXXX XXX XXXX XXX, mi DNI es el XXXXXXXX y soy cliente de su empresa desde hace casi 20 años. Concretamente, y a lo largo del tiempo, he tenido en su Caja de Ahorros varios productos financieros. En la actualidad soy titular de una cuenta corriente y una de ahorro, así como cotitular, junto con mi hija, de otra cuenta de ahorro para ella. Tanto mis seguros de vida como mis seguros sanitarios, y los de mi familia, los he contratado siempre a través de ustedes. Podría decirse, pues, que soy un cliente de los de toda la vida.

Como fruto de mi decepción con el papel que los bancos y las cajas están teniendo en la actual situación financiera, podrá observar que he ido cancelando productos ofrecidos por su banco hasta el punto de no domiciliar ni siquiera mi nómina en él.

Además de estos datos quisiera añadir que durante los años 2003 y 2004 fui seleccionado por la Fundación “La Caixa” para beneficiarme de una beca con el fin de poder completar estudios de postgrado en la London Business School, en Londres. Para ser más concretos, corrieron con todos los gastos generados por mi en la escuela durante el proceso de estudio (sólo la matrícula ascendía a 74.000 €) y me aportaban, además, una pequeña cantidad monetaria para cubrir mis gastos más esenciales. No me daba para vivir, por lo que tuve que buscarme la vida para trabajar allí en las horas que tenía libres, pero no se lo tome a mal. Ni por asomo este dato pretende echarle en cara nada.

Aquella beca me ayudó, enormemente, a conseguir el trabajo que desempeño en la actualidad como Knowledge, Training, Procedures and Human development Manager” en una multinacional francesa (un nombre demasiado rimbombante para lo que hago, créame). También me ayudó, la beca, a conocer en Londres a la que a la postre ha sido la madre de mi hija. La mujer que, sin lugar a dudas, me ha hecho más feliz hasta el día de hoy.

Puede usted observar por lo tanto, señor Fainé, que le debo mucho a su empresa. Gran parte de mi acomodada vida actual se la debo a la Fundación “La Caixa” y, por lo tanto, a la “Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona”. Soy uno de esos, pocos, españoles que no ha notado la crisis y eso he de agradecérselo, en parte, a su organización. No obstante, quisiera mostrarle mi malestar ante las noticias aparecidas hoy en los medios de comunicación. Porque mi bienestar personal no puede estar, nunca, por encima del bienestar global. El bienestar de ninguna persona debe prevalecer sobre el bienestar de la sociedad en la que vive.

Si, tal y como comentan los noticieros a lo largo del día de hoy, es cierto que desde “La Caixa” otorgaron al señor Iñaki Urdangarin, duque de Palma, unas condiciones especiales a la hora de aprobar la hipoteca con la que pagó su casa, me veo en la obligación de llamarles inmorales.

Inmorales porque mientras a día de hoy se multiplican los desahucios y miles de familias con verdaderos problemas y sin recursos se ven abocados a vivir de prestado en casa de familiares, ustedes se dedican a dar cobijo y a amparar a malnacidos que se aprovechan de su situación, de su status social, para conseguir esos tratos favorables de los que hablaba con anterioridad. Impensable se me hace la idea de que ustedes, “La Caixa”, no obtuvieran beneficio alguno de ese trato.

Cierto es que usted me podría decir que SAR la Infanta Cristina trabaja en “La Caixa” y que como empleada de la “casa” tiene unos beneficios especiales. Créame si le digo, señor Fainé, que conozco a muchos empleados de banca que han pedido su hipoteca en su propia oficina y que no han tenido, ni por asomo, la mitad de beneficios de los que hoy hablaba la prensa.

Estará de acuerdo conmigo en que ninguno de los gobiernos que ha tenido España se ha esforzado en hacer cumplir la Constitución de 1978. Pienso así, entre otros motivos, porque veo, no sin cierto estupor, que mientras que ­– cito textualmente – “es competencia exclusiva del Estado (…) la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales.” (artículo 149.1.1 de nuestra Constitución), ese Estado se ha olvidado del artículo 47 del mismo texto, en el que afirma, con rotundidad que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

 

Así, como le digo, mientras los gobernantes miran hacia otro lado y dejan a las empresas bancarias como la suya hacer libre interpretación de la ley, ustedes se dedican a arrimarse, como dice el refranero, al árbol que da más sombra, al que mejor cobija, y se olvidan de lo que últimamente vienen llamando – de forma totalmente engañosa – “El Alma de la Caixa”, sus clientes.

Ante tales situaciones, la de fomentar el trato de favor a los clientes de renombre y la de ahogar sin piedad a familias sin recursos, lo que me pide el cuerpo, señor Fainé, es salir a la calle e incendiar las tres primeras oficinas de “La Caixa” que me encuentre. Sin embargo, también soy consciente de que tardarían unos días, solo unas jornadas, en arreglarlas, en volver a usar nuestro dinero para dejarlas bien bonitas y reabrirlas. Así que, manteniendo mi espíritu revolucionario, he decidido romper toda relación comercial con su empresa. Cerrar las cuentas que tengo en “La Caixa” y tratar de no usar más su red de oficinas bajo ningún concepto, ni para operaciones en ventanilla ni para operaciones en cajero. Además, de forma muy insistente, pediré a mis familiares, amigos y conocidos que se unan a mi decisión. No le haremos mucho daño a su empresa, señor presidente, pero sí que lograremos mantener limpias y vivas nuestras conciencias.

Desde el próximo lunes, día 4 de marzo, yo ya no seré cliente de “La Caixa”. Porque yo no hablo. Actúo.

Muy cordialmente.

XXXXX XXXXX XXXXX XXXXX