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Mi regalo del día del padre

20 marzo, 2013

Ni marcos de macarrones ni dibujitos de vivos colores. Hoy Noa me ha regalado, por ayer, un motivo más por el cual sentirme orgulloso de ella. Uno más, digo, porque cada día, cuando hablamos, se lo comento. Le digo a diario lo orgulloso que estoy de que ella, con 5 años, lleve tan bien el hecho de no ver a su padre a diario, de no poder contar con él cada vez que le apetezca o lo necesite y de echarlo de menos con tanta entereza.

 

Por eso mismo, por el orgullo que siento hacia ella a diario y por el orgullo que me ha hecho sentir hoy, quiero compartir lo que ha pasado en su colegio hoy.

 

Como cada miércoles, a primera hora de la tarde, he hablado por Skype con Monique, la profesora de Noa y con Sarit, la madre de Noa. Hemos cambiado impresiones sobre cómo vemos a Noa, sobre cómo le ha ido la semana y sobre los típicos aspectos de la educación de su hijo que pregunta un padre. Monique, según contaba, estaba todavía alucinando con lo que pasó en clase esta misma mañana.

 

La semana que viene se celebra en Israel la fiesta de Pésaj, Pascua, por lo que en esta semana les están explicando a los niños de dónde viene esa celebración, qué pasó para que sea una de las fiestas más importantes del judaísmo y bla bla bla. Estaba Monique contando el cuento según lo explica el Antiguo Testamento cuando Noa ha levantado la mano y le ha dicho, palabras literales:

 

“Monique, esto que nos estás contando es un cuento chino. Yo lo sé porque mi padre y mi madre me lo han dicho, que esto es como alguno de los cuentos de princesas que me leen cuando voy a la cama, que es de mentirijilla todo. Los cuentos los contaban así hace muchos años porque había gente que no era inteligente y tenían que explicárselo de alguna forma para que se creyeran lo que había pasado, pero antes de habernos hablado de Moisés, deberías haber aclarado a los niños que es un cuento chino”.

 

Lo del cuento chino es una expresión que yo utilizo con sorna cada vez que algo me parece eso, una trola que me quieren meter. Monique dice que se ha quedado alucinada y que tras intentar convencer a Noa, tres veces, de que lo que contaba había pasado en realidad ha tenido que explicar a los niños, como ha podido y a regañadientes, que todo era una alegoría, una representación. La mitad de los nenes ni se habrán enterado y, si lo han hecho, les estarán contando ahora a sus padres lo sucedido y, alguno que otro, se estará comiendo la cabeza buscando la forma de hacer que su hijo vuelva a creer que lo que le cuentan es verdad. Vamos, que alguno que otro estará buscando la forma de engañar y manipular a su propio hijo.

 

Cuando Monique ha terminado de explicarlo todo lo mejor que ha podido, Noa ha vuelto a levantar la mano y le ha dicho:

 

“De todas formas, Monique, en este cuento que has contado has hecho que Moisés pareciera el bueno, pero en verdad no era tan bueno porque para conseguir algo que él quería hizo mucho mal a muchas personas: les llenó el río de sangre, hizo que llovieran ranas, mató a todos sus animales, a los hijos de los egipcios y les mandó pulgas (en referencia a las plagas que según el Antiguo Testamento Moisés lanzó contra Egipto para liberar a los esclavos judíos). Eso no está bien, Monique. Cuando una persona quiere algo, tiene que conseguirlo sin hacer el mal a los demás aunque las otras personas se hayan portado mal con él, porque si no se convierte en mala persona, se vuelve feo y se hace cada vez menos inteligente. Monique, dicen mi madre y mi padre que el fin no justifica los medios”.

 

Monique nos ha comentado que se ha quedado sin palabras y que los ha mandado al recreo mientras nos maldecía (en tono jocoso, quiero suponer, a Sarit y a mi).

 

Cuando he hablado con Noa por la tarde y le he preguntado de qué habían hablado en la reunión que tienen los niños en el cole todos los días me ha contestado:

 

“De nada importante, papi. Monique nos ha contado el cuento chino de Moisés, el que se portaba mal”.

 

Decidme si no es para estar orgulloso de ella. Decidme si no es para comérsela.

 

 

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One Comment leave one →
  1. 25 marzo, 2013 17:25

    Por lo que sé a través de mi madre, en muchas ocasiones se arrepintió de no comérseme. Pero no sé que decirte, Javi, esa niña merece que no se la coman y seguir repartiendo esos conocimientos que Sarit y tú compartís con ella.
    Y dale un achuchón bien fuerte de mi parte, que me da a mí que va a ser una buena “tomatera”…

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