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Porque yo no hablo.

1 marzo, 2013

Acabo de volver a casa después de enviar esta carta. Y me he quedado más feliz que una perdiz.

Sevilla, 1 de marzo de 2013

Señor

Isidro Fainé Casas

Presidente de “Caja de Ahorros y

Pensiones de Barcelona”

Avenida Diagonal, 621-629

CP 08028

Barcelona

Cataluña

España

Estimado señor Fainé:

Permítame, en primer lugar, agradecer su atención a esta misiva así como a la respuesta que, sé, recibiré a la misma.

Me llamo XXXXX XXX XXXX XXX, mi DNI es el XXXXXXXX y soy cliente de su empresa desde hace casi 20 años. Concretamente, y a lo largo del tiempo, he tenido en su Caja de Ahorros varios productos financieros. En la actualidad soy titular de una cuenta corriente y una de ahorro, así como cotitular, junto con mi hija, de otra cuenta de ahorro para ella. Tanto mis seguros de vida como mis seguros sanitarios, y los de mi familia, los he contratado siempre a través de ustedes. Podría decirse, pues, que soy un cliente de los de toda la vida.

Como fruto de mi decepción con el papel que los bancos y las cajas están teniendo en la actual situación financiera, podrá observar que he ido cancelando productos ofrecidos por su banco hasta el punto de no domiciliar ni siquiera mi nómina en él.

Además de estos datos quisiera añadir que durante los años 2003 y 2004 fui seleccionado por la Fundación “La Caixa” para beneficiarme de una beca con el fin de poder completar estudios de postgrado en la London Business School, en Londres. Para ser más concretos, corrieron con todos los gastos generados por mi en la escuela durante el proceso de estudio (sólo la matrícula ascendía a 74.000 €) y me aportaban, además, una pequeña cantidad monetaria para cubrir mis gastos más esenciales. No me daba para vivir, por lo que tuve que buscarme la vida para trabajar allí en las horas que tenía libres, pero no se lo tome a mal. Ni por asomo este dato pretende echarle en cara nada.

Aquella beca me ayudó, enormemente, a conseguir el trabajo que desempeño en la actualidad como Knowledge, Training, Procedures and Human development Manager” en una multinacional francesa (un nombre demasiado rimbombante para lo que hago, créame). También me ayudó, la beca, a conocer en Londres a la que a la postre ha sido la madre de mi hija. La mujer que, sin lugar a dudas, me ha hecho más feliz hasta el día de hoy.

Puede usted observar por lo tanto, señor Fainé, que le debo mucho a su empresa. Gran parte de mi acomodada vida actual se la debo a la Fundación “La Caixa” y, por lo tanto, a la “Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona”. Soy uno de esos, pocos, españoles que no ha notado la crisis y eso he de agradecérselo, en parte, a su organización. No obstante, quisiera mostrarle mi malestar ante las noticias aparecidas hoy en los medios de comunicación. Porque mi bienestar personal no puede estar, nunca, por encima del bienestar global. El bienestar de ninguna persona debe prevalecer sobre el bienestar de la sociedad en la que vive.

Si, tal y como comentan los noticieros a lo largo del día de hoy, es cierto que desde “La Caixa” otorgaron al señor Iñaki Urdangarin, duque de Palma, unas condiciones especiales a la hora de aprobar la hipoteca con la que pagó su casa, me veo en la obligación de llamarles inmorales.

Inmorales porque mientras a día de hoy se multiplican los desahucios y miles de familias con verdaderos problemas y sin recursos se ven abocados a vivir de prestado en casa de familiares, ustedes se dedican a dar cobijo y a amparar a malnacidos que se aprovechan de su situación, de su status social, para conseguir esos tratos favorables de los que hablaba con anterioridad. Impensable se me hace la idea de que ustedes, “La Caixa”, no obtuvieran beneficio alguno de ese trato.

Cierto es que usted me podría decir que SAR la Infanta Cristina trabaja en “La Caixa” y que como empleada de la “casa” tiene unos beneficios especiales. Créame si le digo, señor Fainé, que conozco a muchos empleados de banca que han pedido su hipoteca en su propia oficina y que no han tenido, ni por asomo, la mitad de beneficios de los que hoy hablaba la prensa.

Estará de acuerdo conmigo en que ninguno de los gobiernos que ha tenido España se ha esforzado en hacer cumplir la Constitución de 1978. Pienso así, entre otros motivos, porque veo, no sin cierto estupor, que mientras que ­– cito textualmente – “es competencia exclusiva del Estado (…) la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales.” (artículo 149.1.1 de nuestra Constitución), ese Estado se ha olvidado del artículo 47 del mismo texto, en el que afirma, con rotundidad que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

 

Así, como le digo, mientras los gobernantes miran hacia otro lado y dejan a las empresas bancarias como la suya hacer libre interpretación de la ley, ustedes se dedican a arrimarse, como dice el refranero, al árbol que da más sombra, al que mejor cobija, y se olvidan de lo que últimamente vienen llamando – de forma totalmente engañosa – “El Alma de la Caixa”, sus clientes.

Ante tales situaciones, la de fomentar el trato de favor a los clientes de renombre y la de ahogar sin piedad a familias sin recursos, lo que me pide el cuerpo, señor Fainé, es salir a la calle e incendiar las tres primeras oficinas de “La Caixa” que me encuentre. Sin embargo, también soy consciente de que tardarían unos días, solo unas jornadas, en arreglarlas, en volver a usar nuestro dinero para dejarlas bien bonitas y reabrirlas. Así que, manteniendo mi espíritu revolucionario, he decidido romper toda relación comercial con su empresa. Cerrar las cuentas que tengo en “La Caixa” y tratar de no usar más su red de oficinas bajo ningún concepto, ni para operaciones en ventanilla ni para operaciones en cajero. Además, de forma muy insistente, pediré a mis familiares, amigos y conocidos que se unan a mi decisión. No le haremos mucho daño a su empresa, señor presidente, pero sí que lograremos mantener limpias y vivas nuestras conciencias.

Desde el próximo lunes, día 4 de marzo, yo ya no seré cliente de “La Caixa”. Porque yo no hablo. Actúo.

Muy cordialmente.

XXXXX XXXXX XXXXX XXXXX

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