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Papelería

23 noviembre, 2012

Mi corazón anda de mudanza últimamente, motivo por el cual he ido a una papelería de barrio esta misma tarde para comprar un rollo de cinta de embalar. Iluso de mi, pensaba que eso me ayudaría a mejorar, pero no. Nada más lejos de la realidad. He empeorado.

No obstante y hablando de lo importante, de lo que quería escribir, que no era de mi corazón, quiero explicar qué he vivido en esa papelería, como digo, de barrio.  Un negocio pequeño, un local diminuto en el que su dueño, la única persona que está al frente del negocio, lleva trabajando media vida. El empresario trabajaba con una rebequita de lana gorda. No tenía calefacción alguna en el local. Luego, hablando con él, he llegado a la conclusión de que era así porque tiene que ahorrar todo lo que pueda. Una papelería de barrio, como digo, en Córdoba; pero que bien podría estar en cualquier punto de España.

Una muchacha colombiana estaba siendo atendida cuando he entrado y he saludado amablemente. Apenas llegaba a los treinta años. Comentaba con el tendero –el dueño, a la vez –, mientras asía en su mano varios folios, si sería un acierto o no el poner una foto suya impresa en el curriculum. Tras dirimir esta cuestión, pasó a darle instrucciones sobre qué aspectos incluir en un curriculum destinado al sector de la hostelería y qué detalles añadir en el modelo destinado a ser entregado en empresas de trabajo temporal. Así, he intuido que el dueño de la papelería se encargaba, además, de elaborar los curriculum de los clientes que así lo solicitara.

Una vez se fue la chica, y mientras Luis – que así se llama el dueño de la papelería de la que hablo – buscaba el artículo que le había pedido, estuve hablando con él. Resulta que no cobra por el servicio de “pasar a ordenador” los curriculum. Solo cobra las fotocopias que haga de los mismos. “Bastante jodidos están los que buscan trabajo como para encima cobrarles algo por esto”. Así me lo ha dicho. Así me lo ha comentado.

Esa es la España que no quieren ver nuestros políticos. Personas desempleadas que tratan de buscarse la vida a diario, haciendo todas las combinaciones posibles con su experiencia laboral, con su estudios, en forma de curriculum con tal de encontrar un trabajo.

Esa es la España que no quieren ver nuestros políticos. Ninguno. Pequeños empresarios, pequeños grandes héroes que se levantan cada mañana con ganas de partirse la cara por su negocio. Personas que, con mayor o menor fortuna, luchan por mantenerse en pie. Ahorrando, si es necesario. No cobrando por algunos servicios, si así consiguen ayudar.

Esos son los españoles a los que nuestros políticos están abandonado a la deriva. Personas. Con alma. Con responsabilidades. Con ganas.

Tras un rato de charla, he salido de la papelería, me he montado en el coche y me he puesto a llorar. También por lo del corazón y su mudanza.

 

 

 

 

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One Comment leave one →
  1. 8 diciembre, 2012 13:27

    Sin palabras, Javi. Sin palabras porque ahora mismo tengo en la garganta ese mismo nudo que (supongo) tenías tú cuando subiste a tu coche. Y aunque aquí no intervenga la voz, aunque sea a través de frías teclas, de una inerme pantalla, las palabras salen del mismo sitio y cuestan… Y duelen… Y emocionan… Yo también he tenido la suerte de cruzarme con alguno de esos pequeños grandes héroes. Y a pesar de los nudos en la garganta, espero no dejar de encontrarlos nunca.
    Cuida ese corazón, te lo mereces.
    Un beso grande

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