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No os dejéis engañar

12 marzo, 2012

No os dejéis engañar. El conflicto que cíclicamente se vive entre Israel y Gaza no es religioso. Que no os timen los periódicos de una u otra línea editorial. Es, sencillamente, un problema político. Algo más liado por la religión y las creencias de algunos, posiblemente, pero de base política.

A lo mejor muchos de los que leáis esta entrada no conozcáis los detalles de Israel que intento explicar ahora. Posiblemente porque nadie os los ha contado o porque, sencillamente, nunca os habéis parado a buscarlos.

Hay en Israel muchas ciudades, muchas, en las que judíos y musulmanes conviven en paz, en la más absoluta tranquilidad. Hay ciudades en las que, además, viven católicos y ortodoxos. En otras se mezclan, incluso, con no creyentes en nada.

Cuando hablo de convivir me refiero a VIVIR. Cada uno, cada persona, viste como quiere, profesa la religión que quiere, la practica y respeta que cualquier otra persona no crea en su Dios.

Ciudades como Tel Aviv, Ramla, Abu Gosh y Hadera llevan a gala ser ese crisol de culturas y religiones. Es más, no solo lo llevan a gala sino que se enriquecen todos con ello.

Ibrahim, un jubilado que pasa su tiempo libre ejerciendo de guía voluntario en el museo local de Hadera, afirma que gracias a esa mezcla Israel es lo que es, un país pequeño pero fuerte, siempre en primera línea tecnológica y económicamente hablando. Muestra con orgullo alguna herida sin importancia que le recuerda, casi con lagrimas en los ojos, cómo lucho por su país. Cómo fue a la guerra para defender a Israel. Su patria. Es musulmán.

Ramla, al sureste de Tel Aviv, presume al lucir sus mezquitas, sus sinagogas y sus iglesias y enseñar sus mercados callejeros multicolores. Multireligiosos. Ahora está siendo rodeada por el ejército israelí, que está colocando baterías para destruir en el aire posibles bombas provenientes de Gaza. Está en alerta y se prevé que cohetes puedan empezar a caer a lo largo de esta tarde o esta noche.

Muchos son los musulmanes que defienden el Estado de Israel, que van al ejército y que están orgullosos de enseñar su pasaporte israelí y portar su bandera cada vez que pueden.

Muchos son también los judíos que renuncian a sentirse israelíes, que reniegan del Estado de Israel alegando uno u otros motivos.

Por suerte, Israel no es lo que nos enseñan los medios de comunicación. Otro sinsentido más.

Llevaba un tiempo queriendo escribir esta entrada, pero ha sido en el banco mientras esperaba mi turno cuando me he decidido a hacerlo. Lo he hecho a raíz de esta imagen tan normal que he visto allí: un judío, una musulmana y un no-sé-qué (servidor que hace la foto), bajo el mismo techo, con cordialidad y siendo tratados como iguales. Eso es lo normal en Hadera, pero creo que a alguno de vosotros os podrá chocar. Rompe muchos esquemas mentales.
Al igual que en el banco, en Hadera nuestros hijos juegan en el parque de bolas con judíos, musulmanes y cristianos sin importar el nombre del Dios al que adoran sus padres ni el color de piel que lucen, mientras padres con distintas creencias les aplaudimos, contentos. Juegan alegres, ajenos a todo lo que pasa en el sur. Ajenos a todas las sandeces que dicen los periódicos en España.

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