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Así están las cosas

10 marzo, 2012

Desde finales de septiembre, momento en el que Mahmud Abbas, líder de la Autoridad Palestina, solicitó formalmente el ingreso de Palestina como estado de pleno derecho en la ONU, pocas han sido las noticias que hemos tenido sobre Gaza.

Aquel día, en Nueva York, en la sede de la ONU, Abbas usaba palabras como “colonialismo” y “limpieza étnica” para referirse a Israel. Netanyahu sin embargo, en un perfecto inglés, – no como ninguno de los Presidentes que hemos tenido en España – explicaba todas y cada una de las ocasiones en las que Israel ha olvidado el pasado, ha hecho concesiones y se ha sentado en una mesa con el único objetivo de alcanzar un acuerdo de paz duradero en el tiempo. Un acuerdo de paz que cale en las generaciones venideras y que ayude a estabilizar a situación en Oriente Medio.

Así, el Primer Ministro israelí, afirmaba que Israel “tiende la mano al pueblo palestino porque buscamos una paz justa y duradera” y “que siempre ha querido vivir en paz desde su fundación”. No dejó pasar la oportunidad para hacer saber que el suyo es “un país pequeño con grandes problemas de seguridad”.

Fue el mismo Netanyahu el que le echó en cara a Abbas el que en los tres años precedentes nunca hubiera llamado a su puerta con la intención de reunirse sin poner condiciones previas. Fue Netanyahu el que dijo, de forma muy clara “estamos a miles de kilómetros de nuestras casas, estamos bajo el mismo techo y nada nos impide sentarnos a hablar ahora mismo”.

Tras estas ponencias en la ONU, como decía al comienzo, no hemos vuelto a saber de protestas pro Palestinas. Y eso ha sido posible porque Israel, de nuevo, dio su brazo a torcer en pos de buscar una solución al enquistado problema. Israel ha mantenido, desde entonces, su control hacia las personas que entran y salen del país, tanto por avión como por alguna de las fronteras abiertas a coches o a personas que acceden a pie. Os prometo que sé de lo que hablo porque vengo a Israel una vez al mes por motivos personales que casi todos los que me leéis conocéis. Sin embargo, Israel ha flexibilizado los controles, lícitos por otro lado, a las mercancías que entran en Gaza. Otra concesión, como decía, en pos de alcanzar una posible solución acordada.

Dicha flexibilización de la entrada de mercancías en Gaza ha llevado a un rearme de la Franja y es uno de los motivos por los cuales desde ayer Israel está siendo atacada con bombas y cohetes desde Gaza. La falta de control de lo que entra en Gaza a través de Israel o Egipto es el motivo por el cual 100 bombas han sido mandadas desde Gaza hasta ciudades fronterizas – y no tan fronterizas –  de Israel. Confiar en las buenas palabras del líder palestino va a costar caro a Israel, tanto económicamente como en términos de imagen, de nuevo.

Una concesión, un ofrecimiento para buscar la solución que hace que esta se enquiste aún más. Un levantamiento de controles que obliga a Israel a bombardear de nuevo, y en un claro acto de defensa, a Gaza. Los bombardeos han comenzado hoy mismo. Como dije en mi anterior entrada, no se han hecho esperar. De una forma selectiva se han bombardeado a comandos instalados y preparados para enviar bombas, así como lo que presumiblemente son almacenes donde se confeccionan y guardan bombas destinadas a Israel.

Una falta de control israelí a raíz de la confianza en la persona de Abbas que ha llevado a la mayor oleada de ataques palestinos de los últimos seis años.

Yo, a pesar de considerarme un tipo pacífico, justo y de considerar toda esta situación como un sinsentido, me posiciono junto a Israel. Por varios motivos.

El primero, claro, es porque prefiero estar del lado de los que luchan por proteger a mi hija que de los que mandan bombas para acabar con ella en el fondo del mar. Es obvio.

El segundo es porque, sinceramente, me dan mucha pena los niños y las personas de Gaza, pero más me la dan todos y cada uno de los israelíes –judíos o no- que conozco. No solo Noa, mi hija, sino también su amiga Ila y su amigo Arie, sus compañeros de colegio Yasmin, Shirly, Ori, Idon…  Y puestos a elegir, sinceramente, prefiero verles llorar a ellos, a los palestinos, que llorar yo mismo. Este comportamiento no es egoísta. Es lógico. A vosotros también os pasaría. Poneos por un momento a pensar que un día os piden que elijáis entre que maten a vuestro hijo o que maten al hijo del vecino. No hay dudas. Creo. Por duro que pueda parecernos. La vida es así.

El tercero es porque, así tengo la certeza, si Portugal empezara mañana mismo a enviar bombas sobre Aldeadávila de la Ribera yo sería el primero que le pediría a nuestro Gobierno determinación. Primero para defender a mis compatriotas, a mis paisanos, a los salmantinos; y luego para dar su merecido a los que nos atacan. Para que otra vez, antes de bombardear, se lo piensen.

Así están las cosas:

Si Israel refuerza los controles de mercancías en la frontera con Gaza, todos salimos a la calle a protestar por el embargo, a pedir solidaridad y humanidad y a demostrar cuanto antisionistas somos, mientras que las personas que viven en Israel, lo hacen en relativa calma.

Si, por el contrario, Israel en un acto de buena fe abre las fronteras y deja que la mercancía entre en Gaza casi sin control, se arriesgan a que en esa mercancía vaya material para fabricar bombas y que en un periodo de tiempo indeterminado tengan que volver a cerrar la frontera y a defenderse como ellos saben: con aviones y armas tecnológicamente más avanzados. Y nosotros volvemos a salir a la calle a protestar, a pedir solidaridad y humanidad y a demostrar cuanto antisionistas somos, mientras que las personas que viven en Israel tienen que bajar en quince segundos las escaleras de sus edificios para esconderse en los búnkeres. Por que si no lo sabéis, en Israel todos los edificios tienen búnker.

Es posible que protestemos porque todo nos pilla muy lejos, a muchos kilómetros. A mi no.

 

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2 comentarios leave one →
  1. 11 marzo, 2012 19:49

    “En los matices está el secreto” es lo que me acabas de responder al twit en el que pido que lean este post tuyo. Crees, me dices. Yo también lo creo. Creo que los matices son muy importantes, que son los que dan la perspectiva de las diferentes realidades, que son los que permiten que no caigamos en una locura de pensamiento único.

    En tu caso, esos “matices” superan todo eso infinitamente. Por eso he invitado a que lean tu post con calma, porque a veces los matices se pierden de vista y podemos caer en emitir juicios sin tener todos los parámetros necesarios para poder enunciarlos.

    Yo misma tengo que obligarme a hacer estrictos ejercicios de contención, porque la víscera se me dispara con facilidad y me pierdo en el bosque, inutilizando mis ojos a la visión de los árboles. Trato de conocer y tener en cuenta los matices, e intento que el lenguaje no me traicione: solo utilizando correctamente el lenguaje profesamos a los “matices” el respeto que merecen. Porque en el bosque hay muchos árboles, y todos -por suerte- no son iguales. Y eso merece todo nuestro respeto.

    Javier, no quiero extenderme más, pero sí que quiero que sepas que los últimos post que has escrito me han hecho darme cuenta que a veces me olvido de esos matices, y que mi lenguaje se vuelve burdo; gracias por el toque de atención.

    Y sobre todo, un fuerte abrazo para ti, para Noa, para sus amigos… Malditas guerras, malditas mil veces mil y más.

    • 12 marzo, 2012 11:58

      Muchas gracias por el comentario, Mónica.

      Tal y como te he dicho en twitter, me ha emocionado. Sinceramente, no lo esperaba tan emotivo.

      Las cosas, tan y como das a entender en tu comentario, no son blancas o negras. Hay un sinfín de tonalidades, de razones, de por medio.

      Un beso muy fuerte. Gracias por leer mi blog.

      Javier

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