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Desde la barrera

23 febrero, 2012

Desde la barrera

A veces sucede que me quedo mirando las noticias, bien en la televisión, bien en los periódicos, y no termino de creerme nada de lo que me muestran. Sucede que, muchas veces, trato de ser crítico con todo lo que quieren que me coma, que me crea. Cuando se puede, que no es siempre, trato de ir a la base de la información, de forma que pueda confiar, en los parámetros que marca la duda cartesiana, en mis sentidos, en mis sensaciones, en lo que veo y oigo.

Así, por ejemplo, tengo pensado darme un paseo por Valencia el próximo sábado, a pesar de que tendré que hacer un viaje seis horas en tren para llegar y volver, considero lo que allí está sucediendo lo suficientemente importante como para ir, ver y, luego, contar.

Sin embargo, y desde que los incidentes se hicieron constantes en Valencia, he tratado de ser crítico con los mismos. He intentado ser objetivo y buscar la mayor información posible.

En este sentido, podría afirmar casi sin objeción alguna que las protestas estudiantiles en la calle comenzaron con el objetivo de pedir calefacción en las clases. Tanto en el instituto Luis Vives como en alguno más de la Comunidad Autónoma. Ante esta afirmación, ante este motivo lógico, yo me pregunto: ¿porqué, antes de que los adolescentes se lanzaran a la calle, el AMPA del instituto no se ha puesto en contacto ni ha emitido queja formal alguna sobre la falta de calefacción a la dirección del centro? ¿Porqué me dicen a mi esta misma mañana desde la dirección del instituto que ningún padre ha protestado, ni particular ni grupalmente, a este respecto?

No quiero ejercer de abogado del diablo pero yo, que tengo 32 años, no recuerdo haber visto un aparato de calefacción en mi colegio mientras estudiaba. Los más antiguos que recuerdo son los que teníamos en clase de COU cuando, tras una obra para modernizar el edificio, instalaron un aparato de aire caliente. Creo estar en uso de la razón cuando digo que en Córdoba, en invierno, hace más frío que en Valencia. También cuando afirmo que ninguno de mis compañeros de clase murió de frío y que tampoco afectó la temperatura ambiente en el desarrollo intelectual de ninguno de nosotros.

Quiero decir, y entiendan lo que digo, que sí considero que algunos sectores de Valencia usan esta incidencia en la calefacción para arengar a jóvenes poco críticos, que salen a la calle sin saber muy bien las consecuencias de su salida, y jalean a una ingente masa de adolescentes a tomar la calle sin organización y sin orden alguno. Lógicamente, esta arenga no tendría seguimiento alguno si los políticos de Valencia no hubieran ayudado a crear un caldo de cultivo, una ventisca económica y social, un despilfarro generalizado y totalmente visible por los valencianitos. Actitudes estas generadas, a su vez, por un uso continuado de la mayoría absoluta, y absolutista, que los mismos valencianos, los hijos de los que ahora lloran por la calefacción y los palos policiales, votaron masivamente.

Sé que desde aquí mi opinión puede resultar incómoda, realista pero incómoda, pero quisiera pedir a las personas que se echan a la calle, a los estudiantes valencianos, a los indignados del 15-M, a los sindicalistas decepcionados, que dejaran la calle. Que leyeran libros. De historia, a poder ser. Quisiera hacerles saber que ninguna revolución en la calle ha significado cambio político, cambio de régimen o de ideas en el poder. Ninguna. Posiblemente nos hayan hecho pensar que sí, pero no ha sido nunca así. Ni tan siquiera en la transición.

Por eso pido, de nuevo, que dejen la calle. Que sean conscientes de que el futuro de un país se cambia con las leyes, y que las leyes se cambian en el Congreso. Para encender las calefacciones en los institutos hay que cambiar el sistema, y para cambiar el sistema hay que entrar en el Congreso. Para eso lo único que hace falta son personas justas, luchadoras, con valores, trabajadoras y conocedoras de la realidad diaria. Personas como tú y como yo que se asocien, creen un partido político y acaben, desde dentro, con la actual casta política. Lo que ocurre es que por eso mismo, porque somos íntegros, no nos metemos en política. Por eso o porque tenemos miedo y preferimos ver los toros desde la barrera. Como los malos toreros.

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One Comment leave one →
  1. ireneesc permalink
    23 febrero, 2012 11:47

    En esencia estoy de acuerdo contigo, en que una revolución de la manera que se ha hecho no va a solucionar nada pero por otro lado pienso que no podemos estar impasibles en el sofá de nuestras casas criticando todo lo que está pasando sin que nos hierva la sangre. A mi me emociona que la gente joven salga a la calle a gritar y a decir aqui estamos, aunque seguramente la gran mayoría no sepan ni por qué lo hacen, pero estan mostrando que tienen sangre y no horchata. Al menos, servirá para incomodar a un gobierno que tiene que ponerse las pilas.

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