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Doscientos diecinueve

10 enero, 2012

Desde que el Gobierno de España presentó las penúltimas medidas contra la crisis, han sido doscientas diecinueve las solicitudes que se han recibido en mi empresa.

Doscientas diecinueve cartas personales que pedían, abiertamente, que los complementos que se cobran en nómina y que están sujetos a IRPF fueran pagados en negro. Que se eliminaran esas partidas de sus nóminas y se pagaran aparte, con el único fin de cobrarlas al completo, con el único fin de mantener el poder adquisitivo, ya mermado, de las personas que trabajan en mi empresa y sus familias.

Otros, los menos, pedían una reducción de horas contractuales, mientras mantenían el mismo nivel de trabajo, cobrando las horas no declaradas en mano.

Alguno que otro ha pedido volver a cobrar en nómina el salario base, el mínimo, poco más que el salario mínimo interprofesional. El resto, como se podrá entender, lo quieren cobrar en mano. De remanguillé, que se dice en mi tierra.

Mi empresa, una empresa seria y grande donde las haya, con personas cabales que toman decisiones, ha rechazado todas y cada una de las solicitudes presentadas. De hecho, seguirá rechazándolas a medida que se sigan presentando. Porque se seguirán presentando.

Este hecho, el que se presenten estas cartas, el que muchos trabajadores renuncien en parte a sus derechos a largo plazo adquiridos después de mucho luchar, me da que pensar. Creo que ninguno de ellos tienen muchas esperanzas en el futuro. Y cuando no hay futuro, se mira el día a día. Como si todo fuera a acabar mañana mismo.

Con medidas como las que el nuevo Gobierno ha implantado se incentiva, bajo mi punto de vista, la economía sumergida. Miedo me da pensar cuántas personas no cabales toman decisiones en otras empresas. Más miedo me da saber cuántas pequeñas empresas están agobiadas por los pagos y la falta de trabajo. Sin embargo, y si aprueban la medida que impedirá pagos en efectivo a partir de una determinada cantidad, esta economía sumergida de la que hablo pasará a tener un intermediario: la banca. De nuevo, ya que todos los pagos a partir de una cantidad aun sin determinar deberán hacerse a través de bancos y cajas.

Creo que hemos aprendido muy poco de lo que hemos vivido hasta ahora. Los trabajadores cobran menos y se les obliga a que sean los bancos los que gestionen su dinero. Los que lo tengan, aunque sea por horas. Esto dará, de nuevo, ínfimos beneficios a los de siempre. A los de siempre.

Hacer trampas no favorece a nadie. ¿O acaso sí?

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