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Triste día

9 mayo, 2011

Hoy, en Israel, se celebra un día triste. No deja de ser curioso que unos de los días más tristes celebrados en el país sea, justo, el día antes del día más feliz. Mañana se celebrará el día de la fundación del Estado de Israel. Cumplirá 63 años. Pero eso será mañana.

Hoy, como digo, toca tristeza. Hoy se recuerdan a todas las personas que murieron en acto de servicio, militares o civiles. A todas las personas que murieron, en actos bélicos o víctimas del terrorismo. Y aquí, en Israel, para eso, hay mucha unidad. Hoy es el día en que se parará el país al completo durante medio minuto. Ocurrirá a las 11 de la mañana, cuando las alarmas suenen. Todos dejarán de hacer lo que estén haciendo en ese preciso momento, se levantarán, bajarán la cabeza, pondrán sus manos hacia atrás y callarán. Porque aquí, para las cosas importantes, todos se ponen de acuerdo. Solo para las importantes. Y hoy es un día importante.

Hoy se rinde homenaje a las personas que dieron su vida para que la abuela de mi hija siga viva, y viva con relativa tranquilidad. Hoy se rinde homenaje a las personas que han dado su vida para que la madre de mi hija siga viva, y viva con relativa tranquilidad. Hoy se rinde homenaje a las personas que a diario dan su vida para que mi hija pueda vivir, ella sí, con total tranquilidad. Quizá yo no lo sepa, nunca lo sabré, pero seguro que hoy se rendirá homenaje, también, a alguna de las personas que han hecho que durante todos mis viajes y estancias en Israel, yo me sienta seguro. Tranquilo. Por eso, yo, también callaré a esa hora.

Se rendirá homenaje a alguno de esos jóvenes reclutas que forzado por las políticas (más o menos erróneas) de sus dirigentes debe entregar tres años de su vida al ejército. Jóvenes reclutas, digo,a los que deseo suerte cada vez que entro en un autobús y los veo sentados, tranquilos, volviendo a casa tras un duro día de trabajo en la base, abrazados a su metralleta. Suerte, les deseo. Y les digo, esto ya en silencio, que deseo que nunca tengan que hacer trabajar a su arma, que nunca tengan que entrar en conflictos bélicos. O lo que es lo mismo, que todo este sinsentido guerrero que se vive en Medio Oriente (fomentado por ambas partes) llegue a su fin.

Desde ayer no paro de escuchar, y de llorar cada vez que la escucho, una canción. La música es de un joven y talentoso músico israelí, Idan Raichel. La letra es un poema que escribió, en su última carta a la familia, el Sargento Reuven Politi, muerto en el frente, durante la guerra del Yom Kippur en 1973. Hay una frase, en el estribillo, que me mata. Que se me clava en el corazón mientras más al escucho. “No somos héroes. Nos ha tocado hacer el trabajo sucio”.

La nota de alegría y de esperanza la ponen hoy, como no, los niños. Hoy todos los niños de Israel van al cole vestidos de blanco y de azul. De los colores de la bandera de Israel. Hoy los niños de Israel, todos, meten sus manos en un cubo de pintura azul y la apoyan luego sobre un papel blanco, en un mural sobre el que hay escrita una sola palabra. Shalom. Paz.

He grabado este vídeo con mi iPhone mientras duraban las alarmas. Siento haber puesto el teléfono al revés.Otros días, las alarmas avisan bombas. Hoy avisaban, simplemente, tristeza.


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