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Entrenamiento

13 marzo, 2011

“El término política tiene su origen en el vocablo griego “polis”, que se refería a la comunidad organizada, autosuficiente y autárquica en el sentido de la época, y a la que en la actualidad conocemos como el estado. De allí que los diccionarios definan la política como el “arte de gobernar los estados”, y vulgarmente que se diga de ella que es “el arte de gobernar”.

“Con la aparición del estado moderno, la definición de la política alcanzó otros significados configurándosela como la “lucha por el poder”. Uno de los fines de la política es “la forma de obtener poder”, como dice también consiste e mantener el poder, lo que implica una lucha por el, aunque se lo ejerza. En consecuencia política es toda actividad que tenga que ver con el estado, ya sea desde o a través de él.

Estos dos párrafos están así, literales, en la entrada http://feederico.com/que-significa-el-termino-politica/

Como todo buen arte, las habilidades políticas de nuestros dirigentes, las artes, deben ser entrenadas. Al igual que un pintor debe pintar mil cuadros antes de que le salga uno medio en condiciones. Eso estaría bien. Políticos entrenando para gobernar nuestro estado de una forma correcta. Quiero pensar que parte de ese entrenamiento radica en vivir en un mundo real, en el que has de levantarte a las 6 de la mañana para estar a las 7 trabajando, aguantando a un jefe al que no puedes ver porque tiene su dedo metido todo el día en tu nariz (maricas y depravados varios que cambien el término nariz por el que más les guste). Supongo que parte de ese entrenamiento es sufrir de hemorroides porque todos los días pasas dos horas sentado en un coche, sin nombre alemán, parado en un atascazo sin fin. Supongo que parte de ese entrenamiento es ir a dar una vuelta con tu pareja y que te salga un chorizo por la esquina, con una navaja albaceteña al cinto y te suelte el ya famoso “la bolsa o la vida”. Total, que supongo que parte de ese entrenamiento debe ser, a fin de cuentas, vivir, como todos lo hacemos.

El problema viene cuando la política pasa a ser, en realidad, lo que se define en el segundo párrafo de la entrada que he copiado: una lucha de poder, un ensimismarse en la forma de obtener y mantener) el poder. A costa de lo que sea.

Cuando la política se basa en eso, en gobernar sin saber cómo ni porqué, cuando la política se basa en eso, en un afán recaudador de votos in ideología, sin ideas y sin realidades de por medio, me doy cuenta de que me han engañado. De que nos han engañado. De que engañaron a mis padres cuando fueron a votar una Constitución que desde el artículo 1 nos miente. Al igual que nos mienten los políticos a diario.

Tengo una conocida, “prima hermana de algún pariente lejano” de un amigo (a lo grande, citando a Sabina y todo), que se ha hecho política. Y, poco a poco, va alcanzando un nivel de representatividad ciudadana cada vez mayor. De hecho, en las próximas elecciones municipales va en el segundo lugar en la lista por un partido político determinado. Vamos, que o es concejal o es vicealcalde de una de las ciudades dormitorio más importantes de la Comunidad de Madrid.

Esta chica no ha pasado en entrenamiento que yo suponía que debía pasar. No ha vivido. Con 32 años que tiene, nunca ha trabajado de una forma seria. Nunca ha trabajado. Siempre, desde su más tierna juventud, ha estado afiliada en el mismo partido político y ha estado comiendo de eso. Como decía nunca se ha levantado a las siete de la mañana para ir a trabajar. Los únicos amaneceres que ha visto han sido desde los ventanales de un hotel de cinco estrellas, cuando se levantaba tempranito, después de llevar a su novio también de viaje con ella. No sabe lo que cuesta un café. No sabe lo poco que dan de sí 400 euros como pensión para un jubilado. No tiene ni puta idea de lo que supone tragar mierda en un trabajo por miedo a que te despidan y a no tener cómo dar de comer a tu familia. Ni por asomo le preguntéis cuál es el salario anual medio de un español, porque te saldrá con que son casi 24000 eurazos netos. Y va a representar a los ciudadanos de una ciudad.

No quiero cebarme con la chica, creo que ya lo harán los ciudadanos de ese pueblo cuando la tengan dando tumbos en el Ayuntamiento, pero sí querría decir que hemos tenido (y pondría la mano en el fuego por afirmar que aún tenemos) ministros con ese perfil. Tenemos a personas no preparadas, no formadas, no experimentadas para los cargos que ocupan. Y ese es el segundo mal que tenemos en España. El primero, sin duda alguna, somos nosotros. Porque nos dejamos engañar, porque nos bajamos el pantalón hasta los tobillos sin protestar. Porque no salimos a quemar las putas calles y a decir, con un grito unánime: “Vamos a salir del atolladero en el que nos han metido. Y sin vosotros, políticos de mierda.”

Y mañana, o cuando tenga un ratito de lugar, más. Que pase el siguiente…

 

 

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