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De padrinos y bautizos

2 marzo, 2011

Hace poco escribí aquí sobre la lista de espera en la que Esperanza Aguirre nunca llegó a ser incluida. Pasó, a dedazo, por delante de todas las personas que están esperando en la Comunidad de Madrid una operación de cáncer de pecho.

Hoy, justo delante de mi, en mis narices, ha pasado lo mismo. Exactamente igual. Os cuento un poco.

He ido con mi madre al Hospital Universitario Reina Sofía, en Córdoba. Hospital puntero en lo que a trasplantes se refiere. He ido, decía, con mi madre porque tenía cita con un traumatólogo. Lleva un año de médicos para que le quiten un dolor que tiene en la rodilla derecha. A lo largo de este año, el dolor ha cambiado, ha empeorado, hasta el punto de no poder doblar la rodilla. Mi madre, hoy, no puede dar tres pasos sola. Literal. No puede andar.

Hemos llegado al hospital con antelación. Tenía la cita a las 9:20 y hemos llegado a las 8:50. Somos una familia de bullas y no nos gusta llegar tarde, ¿qué pasa?. A las 9:20, con puntualidad inglesa, han llamado a mi madre para entrar a consulta. Y hemos entrado, claro.

Nos hemos sentado ante una mesa llena de papeles (el historial médico de mi madre). El médico aún no estaba sentado frente a nosotros porque estaba terminando una consulta en la sala anexa a la nuestra. Mientras esperábamos al médico he curioseado en los papeles de mi madre. En tres de ellos ponía URGENTE. En tres de los informes que el traumatólogo manejaba.

Ha entrado el médico, una persona de unos 40 años, alto y canoso. Se ha sentado en su silla,  nos ha mirado y ha dicho “en un momento estoy con ustedes”. Ha sacado su iphone4, ha buscado un número en su agenda y ha marcado desde el teléfono fijo de su consulta. Atentos a la conversación:

“¿Chelo?  Sí, soy el doctor Fulanito de Copas. ¿Tenemos esta tarde a alguien planificado en el quirófano de rodilla? Bien. Mira, anúlame esa operación. Necesito que pongas a otra persona. Es el hijo de un compañero urólogo. A este chico lo operé yo hace un año de menisco. Ahora ha tenido una caída y tiene un bloqueo de rodilla. Voy a decir que le hagan aquí todos los análisis preoperatorios y que pase esta tarde por urgencias. Lo opero de urgencias porque sé que hay hueco libre. Sí. Tómate nota del nombre del paciente, Butanito de Bastos. Vale. Gracias. Hasta luego.”

Así, tal cual. Literal, ¿eh? Dando el nombre del paciente delante nuestra. Como si fuéramos de piedra y no nos estuviéramos enterando de nada.

Mi madre me miraba con cara de sorpresa. Yo la he mirado sin decir nada. Simplemente le he dicho “no te sorprendas, que tú ya conoces el dicho ese de los padrinos y los bautizos” con el médico delante, que no ha abierto la boca a este respecto. Simplemente nos ha dicho un “vuelvo en un minuto” y ha entrado a la sala en la que estaba el paciente anterior, el de la operación por urgencias, para darle las explicaciones pertinentes (explicaciones que tanto mi madre como yo hemos escuchado).

Bien. Hasta aquí todo bien. Todo normal. Estamos en España, cojones.

Lo que ya no es tan normal es que a mi madre, con tres informes médicos que consideran su operación como urgente, le den fecha de operación para dentro de 14 ó 16 meses. Eso ya no es tan normal.

Hemos salido de la consulta sin hacerle ningún comentario al respecto al médico. Simplemente un muchas gracias, un muy amable y una sonrisita amistosa. Mi madre no ha dicho nada por discreción (sé que pensaba que si decía algo la operación se le retrasaría más o la operarían mal a cosa hecha). Y yo no he dicho nada por respeto a ella.

Le he dicho que me esperara en la sala de espera mientras yo acercaba el coche para que no tuviera que hacer mucho esfuerzo. Mientras iba de camino al coche me he calentado yo solito. Pensaba en lo injusta que es la vida, en cómo un médico puede hacer y deshacer a sus anchas, sin importarle lo más mínimo la salud de la persona a la que habían anulado la operación para esta misma tarde. Y el calentón ha llevado a la indignación. Y la indignación a la desvergüenza. Entre la poca vergüenza que yo tengo, la cara dura que me sobra y la cabeza maquinando, ha pasado lo que tenía que pasar.

He llegado de vuelta a la sala de espera a recoger a mi madre. Le he dicho que se quedara sentada un momento, que íbamos a estar cinco minutos más allí. Me he puesto de pie en una butaca que había libre y he pedido la atención de todos los pacientes y acompañantes que estaban esperando en la sala. Abarrotada que estaba a esa hora, claro.

Con mucho movimiento de manos, con mucha expresividad, y visiblemente dolido, les he explicado a todos los allí presentes porqué había ido hoy al hospital. También les he contado la llamada que hizo el médico, la anulación de una operación y la asignación de otra, la del hijo de su coleguita.

La gente me animaba, protestaba, estaba notablemente enfadada. Por un momento me he sentido como el Lenin de la Seguridad Social. El Lenin del Servicio Andaluz de Salud. Os prometo que me ha venido a la cabeza, en ese momento, la imagen de Lenin dando discursos. En el momento más caliente de la charla que he dado, y para justificar todo este circo que he montado, he sacado una llave inglesa de mi bolsillo y he dicho, muy serio: “Y ahora, mamá, por el pie derecho encima de la silla que tienes enfrente, que te voy a golpear con esto en la rodilla, a ver si así consideran que tu lesión es tan urgente como el hijo de urólogo y te operan esta misma tarde. No se puede sufrir más”. Y la gente me ha aplaudido! Vaya cabrones.

Mientras yo estaba a lo mío, han salido los médicos de todas las consultas, han llegado tres de seguridad, se han acercado los celadores y las enfermeras de la planta. Y todos me han escuchado. Cuando me he bajado de la silla, se me ha acercado una enfermera y me ha dicho que el director del hospital quería hablar conmigo.

Hemos ido a hablar con el director. Un hombre muy agradable, muy simpático, muy cordial. Pero poco resolutivo. Desde allí hemos hablado con la Secretaria de la Consejera de Sanidad de la Junta de Andalucía, que ha llamado para interesarse por lo que ha pasado. Hablando con ella me ha dicho que en una semana llamarían a mi madre para darle cita y operarla lo antes posible.

Mi respuesta ha sido: “¿De verdad cree usted que yo he hecho esto solo para que operen a mi madre antes? ¿De verdad cree que no me importa que cada día alguno de los médicos que tienen trabajando puedan alterar operaciones ya fijadas y “colar” a sus amigos? ¿De verdad cree que no me importa el cáncer que hay en el sistema?” Ella me ha comentado que están intentando, por todos los medios, que cosas así no pasen pero que es difícil de erradicar. Mil vueltas me ha dado para no decirme nada. El caso es que se ha quedado con mi número de móvil para llamarme. Y me ha dado el suyo directo para no perder el contacto. No creo que me sirva de mucho tenerlo. O sí.

Mi madre y yo hemos salido del hospital con una cita bajo el brazo. Mi madre tiene el preoperatorio el día 1 de abril y la operarán durante los 7 días siguientes. Y por eso estoy contento. Ahora mismo está llamando a mis tías para darles la noticia y no para de reírse cuando les dice que tiene cita para dentro de un mes. No les esta dado más detalle. Creo que mejor así.

Aún así no estoy contento. Me alegra mucho que operen a mi madre cuanto antes, claro. Pero me da miedo pensar en la gente que por vergüenza, miedo o falta de conocimiento esperan tantos y tantos meses en una lista que no avanza. Y no avanza porque en la Seguridad Social los últimos son los primeros. Sobre todo si tienen padrino.

Esta experiencia me ha abierto los ojos. Me ha golpeado. Os va a sonar a coña, pero a lo mejor sí. A lo mejor me convierto en el Lenin de la Seguridad Social.

Y mañana más. Que pase el siguiente…

 

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3 comentarios leave one →
  1. Clitorixia permalink
    2 marzo, 2011 13:38

    Esto es España. Menudo metepatas el médico, pero mira gracias a eso a tu madre la operarán 15 meses antes. Si todos defendieramos lo que pensamos quizás este país se salvaría, solo quizás.

  2. Menghi permalink
    13 marzo, 2011 22:29

    OLE TUS COJONES. Desde luego hace falta más gente como tú para que dejen de darse estos (por desgracia) tan frecuentes casos. Desde luego, de vergüenza. Espero que todo vaya bien en la operación de tu madre y que, si tu acción no consigue ningun cambio a corto plazo, que sea la motivación para que más personas se atrevan a protestar para por fin conseguir ese cambio.

    Me quito el sombrero.

    Un saludo

    • 14 marzo, 2011 7:51

      Muchas gracias por leerme y por tu comentario, Menghi.

      Tal y como dije en la entrada que escribí ayer, sigo pensando que el gran mal de España somos nosotros, que con nuestra apatía y desgana la hemos convertido en el cortijo de unos cuantos. Conmigo, desganado, que no cuenten.

      Saludos.

      Javier

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